Cuba and the Cameraman (Jon Alpert, 2017)

A principios de los 70, Jon Alpert en compañía de Keiko Tsuno llegó a Cuba para conocer una isla en la que la educación y la salud eran gratis y había suficiente abastecimiento de alimentos. Cuba and the Cameraman son historias de vida de campesinos, obreros y niñxs, y también de la relación de complicidad que construyeron Alpert y Fidel Castro a raíz del interés del líder cubano por los equipos audiovisuales que la pareja transportaba en un coche para bebés. Era el inicio de un documental que duró 47 años.

El documental es una manera de darle la importancia que merece el tiempo. En el documental el final no se construye porque es un registro de la vida. Como Charles Bukowski define la fotografía: “Las fotos simplemente captan el proceso de la muerte”… y nunca sabremos cómo será la muerte.

Jon Alpert y los Becerra.
Jon Alpert y los Borrego.

En Cuba and the Cameraman el montaje narra el peso del tiempo sobre la vida, a veces diciéndonos que vivir en sociedad se hace un castigo. Así lo vemos cómo en la vida de los campesinos Borrego, que viven solos en un rancho junto con dos bueyes, teniendo una historia de vida tranquila y sin problemas, es alterada por dinámicas geopolíticas del resto del planeta, que nada tiene que ver con ellos.

Con elementos de la reportería periodística sencilla, sin presunciones intelectuales y más bien poniendo atención en cómo describen la vida sus personajes, Alpert y Tsuno hacen un periodismo donde el periodista es personaje (que opina, escucha, confunde).

En este punto es interesante resaltar que a diferencia del rol clásico del documentalista que trata de pasar el mayor tiempo posible con sus fuentes, en esta película el valor está en lo que pasó cuando no estuvieron juntos.

Cuba and the Cameraman es una película sobre lo nostálgica que termina siendo la existencia.

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