Memorias de clase

“Por razones nadaístas, a veces justas y otras no, he ido a parar tres veces en la cárcel. De eso hace varios años, y para reconstruir estas memorias lo hago con ayuda de la imaginación. Es más seguro decir que la realidad es algo inventado. Pues si digo que la realidad es verdad, me llevan a la cárcel por cuarta vez. Pero yo no soy santo ni bobo para sacrificarme por esa cosa tan falsa como es ‘la verdad’ en Colombia.

Capítulo I: Cinco años de delincuencia…”.

Gonzalo Arango, en Memorias de un presidiario nadaísta[1]

Una vez en medio del ruido que venía del pasillo, el profesor se paró de su silla y caminando hacia la puerta, nos dijo: “perdonen que sea tan neurótico”. Abrió, y, discretamente, le pidió silencio a las personas que estaban afuera para continuar –sobre todo él- con el encuentro. No era la única manera en la que demostraba la supuesta neurosis: el listado de participación estaba compuesto de muchas rejillas que le ayudarían a contabilizar las intervenciones; además, usaba lapicero de tinta roja.

Llegábamos a clase cargando pupitres con el fin de formar un círculo, un círculo vicioso en torno a la Memoria. Rápidamente esta figura terminó representando posturas políticas, gustos y afinidades entre los compañeros: los que terminaron en la izquierda, en la derecha y en el centro, como el profesor. Desde ahí él tiraba preguntas, muy buenas preguntas.

Alguna vez, mientras estudiaba mi carrera profesional, un profesor me dijo que dar clase era un ejercicio de seducción. El profesor lo hacía cuestionando: propuso una metodología para el seminario Memoria(s) global(es): implicaciones y complejidades de los proyectos de memoria y las identidades políticas, a mi gusto artística y hasta experimental. Preguntas, opiniones, discusiones, conflictos. El silencio por supuesto también era un camino.

Sin una cámara ni una grabadora de voz, me cuestioné cómo podría guardar memorias de la clase. Tardé como tres encuentros (demasiado tarde) para decidir que escribiría cuanta pregunta hiciera. Ahora, al frente de este tercer y último ensayo para su materia, trataré de responder a unas pocas de ellas, desarrollando ideas que rayé en el cuaderno durante el semestre y poniéndolas en juego con mi propuesta de investigación para la maestría.

Memoria: entre el territorio y la comunicación

Para este escrito propongo entender a la Memoria como un escenario de tensión y confrontación, en el que los sujetos o comunidades provocan el pasado desde el presente, en busca por ordenarlo para reconocer quiénes son. Ese orden, parto de entender a las sensaciones y emociones como bases importantes para construir una identidad en el presente y estabilidad en el futuro; dicho de otra manera, considero que hablar de memoria es conversar sobre nuestras experiencias de vida, con aquellas palabras y pensamientos que nos produjo vivir lo que vivimos.

Con lo anterior, he identificado en mi trabajo de campo con las comunidades barequeras dos aspectos importantes para comprender el papel de la memoria en su movilización social en contra del megaproyecto Hidroituango y a favor de la defensa del territorio[2]. El primero de ellos son las territorialidades que las comunidades han construido ancestralmente: su relación con el Río Cauca, con los animales y la vegetación, así como las prácticas económicas con otras poblaciones como el trueque e intercambio de bienes. Su incidencia en la economía de las cabeceras de los municipios es directa, pues los barequeros dinamizan los establecimientos comerciales y generan otro tipo de empleos como la compra y venta de oro.

La experiencia de destierro que están viviendo desde hace algunos años y a falta de menos de doce meses para que Hidroituango comience operaciones, ha llevado a la comunidad barequera a habitar otros territorios donde deben replantear su relación con la otredad. Algunos de ellos tomaron los 22 millones de pesos por indemnización[3] y se han marchado a otros lugares como Medellín, con un entorno y paisaje distinto a lo que han experimentado toda la vida; se generan nuevas formas de convivencia y otras prácticas económicas; y, lo más delicado, se abandona el oficio barequero. Se trata del rompimiento de un tejido cultural que desde 2009, cuando los barequeros comenzaron a formar asociaciones, ha sido la base de la insistente movilización social contra un sistema de desarrollo que aplica un destierro sistemático contra las comunidades.

El pasado mes de octubre asistí a la última movilización realizada por las comunidades barequeras y liderada por el Movimiento Ríos Vivos. En ella se intervino el puente El Pescadero con la acción performática Cuerpos gramaticales, donde algunos afectados por Hidroituango se sembraron para protestar por la impunidad existente sobre decenas de cuerpos arrojados al Cauca desde este puente y su pronta inundación.

Llegamos al coliseo del Valle de Toledo (construido por el proyecto Hidroituango) donde armaríamos las carpas para pasar la noche. Al lado de mi carpa estaba un señor que arreglaba zapatos, silencioso y concentrado en lo suyo, mientras la mayoría de personas escuchaban la intervención de líderes hablando de la problemática. Me acerqué preguntándome por su oficio y se me presentó como el zapatero de los barequeros. Óscar es habitante de Sabanalarga y entre zapatos y la batea lleva su vida; es alguien que suele viajar mucho, por lo que en el pueblo está la costumbre de darle los zapatos, botas y chanclas para que “las saque a pasear”.

Óscar, minero y zapatero de Sabanalarga, Antioquia

Me contaba que el motivo de su presencia en esta movilización era en honor al “Patrón Mono”, como lo llaman familiarmente los barequeros al Río Cauca. Era insistente en la tranquilidad que significa vivir desde el río y en su preocupación por el futuro que se viene.

El hombre se mantuvo durante los tres días de movilización en medio del anonimato, bajo perfil, casi sin interacción con sus compañeros; más bien introvertido. Su presencia me hizo pensar que el soporte de la movilización es y han sido memorias como la de Óscar. Existen unos discursos políticos y legales que son los que se publican a la opinión pública y entrar en una esfera centralista en la que son visibles los líderes de la movilización, los alcaldes, el gobernador y directivos de EPM, pero el fundamento genuino para defender los territorios son las experiencias de vida de las comunidades.

Esta movilización social, que está en un momento clave porque se está en la etapa final de la implementación del megaproyecto, tiene a la memoria es un punto activo y en el tiempo presente. La memoria no es un asunto del pasado y está siendo representada de distintas maneras: a través de audiencias públicas en los municipios, eventos artísticos y creación de contenidos.

Estas narrativas locales son el segundo aspecto importante que he identificado en campo. Gonzalo Arango no pudo estar más acertado al hacer uso de la imaginación para reconstruir sus memorias: la relación con el Río Cauca ha sido causa de relatos de ficción como cuentos, leyendas, chistes, poemas y canciones, que han perdurado en el tiempo, al ritmo de la corriente del Cauca. Cuando pienso en la movilización social como una narrativa de sus memorias, me pone en función de identificar memorias en el calor de los sucesos. Significa un reto seguir las rutas de la memoria en semejante flujo de información y emociones, pero, sobre todo, me pregunto cómo trabajar la memoria de tal manera que las últimas y próximas generaciones de comunidades barequeras, a pesar de no ejercer el oficio, representen la identidad de estas comunidades.

La lucha de las memorias rebeldes

Ese destierro sistemático del que hablé párrafos atrás también está evidenciado desde las estrategias de comunicación que el megaproyecto ha empleado para justificar y legalizar su intervención abrupta en los territorios. Estamos ante una confrontación de memorias nativas contra unas hegemónicas, creadas en favor de unos intereses privados y nacionales de economía y desarrollo. Son memorias oficiales que rompen con las identidades y con la posibilidad de que exista una opinión pública en las comunidades frente a la problemática.

A modo de contra información, se hace necesario trabajar sobre las narrativas de las memorias como vehículos para la defensa del territorio. En los municipios afectados por Hidroituango hay varias intervenciones en cuanto a infraestructura donde las placas conmemorativas tienen mensajes como “¿Qué significa el Proyecto Hidroeléctrico Ituango? Significa… Un mejor futuro para los colombianos”.

Estas conmemoraciones desatan batallas entre estrategias de narración y por lo tanto son peligrosas porque instalan mensajes para el futuro, alteran la historia de lo que sucedió, creando una realidad ficticia donde, en este caso, se terminará reconociendo el aporte al desarrollo de los pequeños territorios de Antioquia.

Pintor Roberto Palomino
Obra “Hidroeléctrica de Ituango”, Roberto Palomino (2017) / El proyecto hidroeléctrico de Ituango, es una fuente de desarrollo importante para el país y el departamento, ya que cuenta con una fotografía apta para construir presas y esclusas aprovechando las aguas de los ríos más importantes por su caudal, con el fin de producir energía y transformar el paisaje como atractivo turístico a sus alrededores ya que fomenta la pesca deportiva, los deportes acuáticos y valoriza los terrenos a su alrededor. Solo faltaría memorar los programas de recuperación, encaminados a minimizar el impacto ambiental del proyecto, sobre la flora, la fauna y las comunidades propias de las áreas involucradas.

Hace unas semanas asistí a la exposición artística Reflexiones visuales sobre el agua, del pintor Roberto Palomino, en la Casa de Cultura Los Alcázares en el marco de un evento sobre medio ambiente. Me llamó la atención que dos de las 20 obras que el artista pintó para esta serie se referían al Río Cauca e Hidroituango.

Cuando me acerqué a preguntarle a Palomino sobre su proceso investigativo para llegar a sus obras, en especial esta de Hidroituango, me contó que se había basado en una búsqueda por Google para conocer acerca del proyecto. No es extraño: el aparataje mediático con el que cuenta Hidroituango hace que una esfera supuestamente democrática como la internet, esté copada de información de fácil acceso que dan una rápida e irresponsable mirada sobre los impactos de uno de los proyectos hidroenergéticos más importantes de la región latinoamericana.

Me pregunto, entonces, ¿qué tipo de memorias existen por parte del Estado? ¿Qué memorias quiere construir Hidroituango a través de las estrategias de comunicación? La batalla por las memorias hace que la memoria sea un gestor de otros conflictos. Más allá de comunicar quién tiene, o no, la razón sobre esta problemática socioambiental en los territorios, está en escena un conflicto dialéctico sobre lo que significa territorio, desarrollo y agua, nociones que hacen de la movilización social de los barequeros un intento por reivindicar sus relatos (rebeldes) en medio de los metarrelatos nacionales que conforman la opinión pública.

Por su parte, ¿cuál es el papel de los campesinos y barequeros en los discursos de memoria y verdad? En el caso que estoy exponiendo, tiene una relevancia política en tanto se trata de reivindicar la participación local en los planes de desarrollo; y una humana en la que la naturaleza es portadora de derechos, al ser un sujeto activo para las identidades y costumbres. Pero la que considero más importante es el valor que estos relatos y testimonios tienen para entender las causas de los conflictos en el país; para comprender cómo el conflicto armado de Colombia tiene relación directa, en este caso, con los socioambientales.

La memoria nos quiere decir entre líneas que debemos observar las pequeñas historias, esas como la de Óscar que, si bien no definen problema socioambiental, son necesarias para buscar comprender lo que significa este conflicto. Si estamos hablando de unas memorias globalizadas, a lo mejor no estamos hablando de memoria. Hago el símil con lo que está pasando actualmente con el periodismo y las llamadas fake news[4] o noticias falsas. ¿Noticias falsas? No es noticia ni es periodismo, sencillamente son mentiras.

De allí la importancia para Colombia de aprender a olvidar. El olvido como producto de los ejercicios de memoria en la que se replantea esa mirada global sobre lo local. Lo que se olvida es lo que no hemos reflexionado ni interrogado como sociedad y, por ende, hemos olvidado por qué nos ha pasado lo que hemos vivido como nación.

Idea de Museo del Barequeo

Cañón del Río Cauca
¿Cómo sería un museo en Sabanalarga?

Antes del evento de Cuerpos gramaticales, había asistido en julio a Sabanalarga para presenciar la audiencia pública que propuso Movimiento Ríos Vivos con el alcalde del municipio, César Cuadros. Allí me encontré con don Guillermo Builes, un minero artesanal que conoció a su compañera en el Río Cauca y fue ella quien le enseñó a barequear. Es un tipo humilde y sensible, con una capacidad de idear proyectos audaces para tratar de sobrevivir con el futuro que les espera cuando ya no puedan barequear. Entre esas ideas estaba la de crear un museo que guardara los objetos y saberes para recordar lo que “fue el barequeo”.

Solamente le respondí que me parecía una buena idea. No me sentía en la confianza de decirle que era un buen proyecto para movilizar la memoria porque desconfío de lo que significa un museo tradicional hoy en día. Los museos tienden a replicar narraciones y no a generarlas: ¿museos con muchos curadores y pocos periodistas, historiadores, biólogos, licenciados, politólogos, antropólogos?

La puesta en escena de los museos lleva al riesgo de no cuestionar las memorias que allí habitan; sucede una suerte de retención de las narrativas en las que el mensaje está cargado de sentidos de la historia clásica, no solo desde la develación de quiénes son los culpables o inocentes (en casos de guerra), sino por tratar una de imponer una sola ruta para entender lo que sucedió (memorias y olvidos seleccionados) y ello se evidencia desde la misma disposición del espacio donde generalmente el visitante tiene predefinida una ruta a seguir (y un guía a seguirlo).

Los museos deben ser medios narrativos para la sociedad que sean capaces de generar otras experiencias distintas a la del dolor, el perdón, la nostalgia, la venganza o la misericordia. Considero que esto significaría desglobalizar (sic) la memoria: el oficio de narrar como acto que la despoja de responsabilidades políticas y morales. Los museos, como lugares de memoria, tendrían la responsabilidad de experimentar con los usuarios[5] otros sentimientos; con preguntas distintas a las que encontramos en otros medios de comunicación, más calmadas y precisas, con mayor fijación en las microhistorias. Es decir, con otras narrativas que traten de activar a la sociedad, porque en esa búsqueda por comprender las razones de lo que nos ha sucedido y quiénes somos, el museo debe ser un lugar con mayor protagonismo. Han pasado hechos lamentables en Colombia, ¿ahora qué hacemos? ¿Recordar para revictimizar?

Narración y archivos

En una de las clases del seminario, una compañera lanzó: “No hay que responsabilizar al arte de la memoria”. En medio de mi silencio participativo, me decía que cómo no, si la esencia del arte es representar la vida. Ella fue más allá y aseguró: “A la resistencia, arte y memoria no se la puede responsabilizar de la construcción de país”. “Entonces, ¿para qué nos estamos (de)formando en esta maestría?”, me preguntaba.

Es peligroso dotar a la memoria de sentido racional y productivo. Lo que esta nos propone es justo lo contrario: entender la existencia desde un sentido relacional, diverso, diferente. El efecto de hacer un trabajo de memoria consiste en que por un lado se documenta fragmentos clave de la memoria de las comunidades, pero a la vez le son herramientas que, en mi caso, fortalecen la movilización social de los cañoneros y campesinos contra Hidroituango.

Otros retos de mi investigación en el cañón del Río Cauca tienen que ver con el archivo de documentos multimedia. ¿Cómo narrar a través de los archivos? La inundación de la represa sobre el Río Cauca borrará un ecosistema que alterará el territorio. El bosque del cañón ya no sonará igual, como tampoco las diferentes aves que, como los barequeros, durante años habían construido rutas migratorias, de alimentación y reproducción. ¿Cuáles serán los nuevos sonidos del Río Cauca? Por otro lado, en Sabanalarga solo hay un artesano con el conocimiento para construir bateas. Si este anciano se va, ¿cuántas décadas de conocimiento local se van con él?

Este papel de la memoria en los archivos me parece clave para generar interacción. Si los museos los leo como espacios para la generación de narrativas de memorias, los archivos deberían problematizar la historia. El profe en algún momento preguntó si al archivar trabajamos con la memoria o con la historia, y me decía que a lo mejor desde una memoria que aporta a una historia con la sensibilidad para estudiar las experiencias de vida.

Hay casos que dan pistas sobre lo que sería pensar el archivo y la memoria: por ejemplo, las administraciones públicas a través de sus instituciones como el Archivo Histórico de Medellín no tienen un equipo de registro audiovisual que guarde archivo de las casas patrimoniales que se están tumbado en la ciudad. Este trabajo social es hecho por colectivos y organizaciones sociales que generan contenidos a partir de la pérdida. En este caso, el ejercicio de archivo está sobre la base de la memoria, porque el sentido con que fue registrado va más allá de los formatos y diligenciamientos necesarios para catalogar algo como archivo; son otras memorias, no institucionalizadas que no habitan un lugar escondido y aséptico en la ciudad. Son unas memorias guardadas por colectivos y organizaciones de las que después espera apropiarse la municipalidad.

Otro ejemplo es el proyecto periodístico de Pacifista[6] sobre la campaña de #Niunmuertomás, en la que van contabilizando el número de líderes asesinados en el país durante 2017. Vemos en este caso de periodismo de datos la difusión de uno de los problemas más serios que tiene hoy en día Colombia, a través de la creación de contenidos por cada una de las víctimas. Además de la pieza gráfica que mayor viralidad tiene en los medios digitales y que se muralizan en espacios públicos, compuesta con información descriptiva, la narración está acompañada de un texto que cuenta la noticia del asesinato y su vida como líder.

Estos ejemplos, que son representados a través del lenguaje gráfico, textual y audiovisual, me muestran que se puede entender al archivo desde otra perspectiva, que está en diferentes lugares y aporta a la construcción de opinión pública. Unos archivos que se desplazan, que viajan.

Ideando este ensayo recordaba lo que una vez dijo el profesor: “todo mundo habla de memoria, pero nadie la define”. Lo escrito en este texto no pretende buscar una definición de Memoria, pero tampoco cae en el riesgo de sobreentender qué significa esta noción. Estoy convencido de que antes de hablar de memoria debemos rodearla de preguntas para darnos cuenta de los verdaderos aportes que nos puede dejar como sociedad; sin duda la estamos desaprovechando metiéndole discursos de verdad, perdón y justicia.

Lo escrito aquí es producto de la estrategia del profesor. Una metodología pedagógica que fue artística en tanto advirtió, transformó y cuestionó la responsabilidad social que tenemos al meternos con los estudios de la memoria. Estuve durante los últimos meses de este año ante un profesor que opinaba con preguntas, lo que quiere decir, el arte de preguntar.


Referencias:

[1] Ensayo presentado para el Seminario Teórico II: Memoria(s) global(es): implicaciones y complejidades de los proyectos de memoria y las identidades políticas, de la maestría en Ciencia de la Información: memoria y sociedad, de la Universidad de Antioquia, en noviembre de 2017.

[2] Uno de los hechos que han marcado la movilización de las comunidades afectadas por Hidroituango fue la toma del coliseo de la Universidad de Antioquia durante casi siete meses en 2013. Ver más en: http://www.ipc.org.co/agenciadeprensa/index.php/2013/10/24/iniciara-retorno-de-desplazados-de-hidroituango-refugiados-en-la-udea/

[3] 22 millones de pesos daba el Proyecto Hidroituango para indemnizar el trabajo de los mineros artesanales durante toda su vida. Esta cantidad de dinero fue impuesta desde el censo que el proyecto hizo para conocer el número de la población barequera.

[4] Anglicismo usado para hablar de un tipo de propaganda que se basa en la difusión de información falsa y engañosa, difundida a través de los medios de comunicación masivos y las redes sociales. Aunque este término tomó fuerza debido a la cantidad de fraudes financieros, en la esfera política hay casos como el de Juan Carlos Vélez, precandidato por el Centro Democrático a la Alcaldía de Medellín, que admitió haber usado información falsa a favor de su campaña. Ver: https://www.larepublica.co/asuntos-legales/actualidad/el-no-ha-sido-la-campana-mas-barata-y-mas-efectiva-de-la-historia-2427891.

[5] Con la llegada de la Internet, en el periodismo se deja de hablar de lector, oyente, espectador, y comienza a tomar fuerza la noción de usuario, aquella persona que está en capacidad de contradecir la información y/o de aportar en la narracción.

[6] Ver proyecto en: http://pacifista.co/tag/lideres-asesinados/.

No Comments

Comentarios

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.